
[De Las musarañas sólo saben bailar tango]
Merche y su familia se instalaron en uno de los bajos del portal, así que yo podía ver su habitación desde la mía, que estaba en el primero y que también daba al patio interior y la verdad, lo digo como lo siento, no me gustaba lo que veía, ni a mi madre tampoco. Esa casa no es honesta, decía la pobre que en paz descanse, y sobre todo lo decía por Merche, que sí que es verdad que era un poco… ¿cómo diría yo?, sucia.
Una guarra, para ser claros.
No es que no se lavara y esas cosas, que lo cierto es que cuando estabas cerca de ella olía a gloria, sino porque tenía la costumbre de desnudarse por las noches delante del espejo y se miraba y remiraba, incluso, algunas veces, hasta se tocaba los pechos, la cintura, el…, en fin, eso, y, claro, nosotras veíamos esas cosas y nos escandalizábamos, que una vez mi madre hasta me retiró de la ventana de un manotazo cuando se dio cuenta que yo me quedaba embobada mirando como Merche se admiraba a sí misma delante del espejo, que eso es lo que hacía, admirarse, que no sé como no le daba vergüenza, que así terminó todo como terminó, por culpa de ella, que yo qué se quién se creía qué era.
No sé qué pensaba mi madre, aún joven y sola como estaba la pobre, pero ahora reconozco que yo le tenía envidia a aquel cuerpo, y a aquellos pechos, aunque mi madre me consolara diciéndome que cuando yo tuviera la edad de Merche, ¡sólo dos años más, dios mío!, mis pechos serían iguales que los de ella. Y tuvo razón, lo que no me dijo fue lo de las caderas y que a los 15 años yo ya no cabría en el sillón de la ventana, el mío de toda la vida, ahí sigue, y me tuvieron qué poner a régimen y aquello es lo peor que he pasado en mi vida, bueno, eso y la muerte de mi madre, pero que conste que si lo soporté fue porque podía ver todas las semanas a Tomás en el reformatorio, aunque muchas veces pensaba que no entendía a mi madre, que me sometía a aquella tortura de verduritas y manzanitas y luego me decía que tener un cuerpo bonito no conduce a nada bueno, que no digo yo que no, pero lo cierto es que Tomás empezó a verme de manera distinta en cuanto perdí unos kilos, sólo unos pocos pero los suficientes como para saber yo que no se acercaba a mí por mi belleza sino por mi interior, que es lo importante a fin de cuentas, y en eso sí que tenía razón mi pobre madre.
Si ella estuviera aquí, conmigo, y yo le contara que Merche ha vuelto a aparecer por estos barrios, seguro que lo que me diría es que ya ves tú en qué se ha convertido, casi una niña y ya tuvo que criar un hijo sola, para lo que le sirvió tanto mirarse la hermosura, lo que las mujeres necesitamos es un hombre que nos proteja y que nos respete, sobre todo que nos respete, y a ti te cuide mucho, porque tú eres delicada como una flor y patatín y patatán, que no paró de soltarle el sermón a Tomás el día de nuestra boda, que me hizo sentir casi una inválida por favor.
¡Ay, Tomás!, siempre apareces en mis pensamientos, claro, paso tanto tiempo sola, que cuando no trabajas estás durmiendo o dándole a la máquina de escribir, pero no me importa, no creas, lo que me gusta es sentirte cerca, me basta con eso, aunque andes a tus cosas, siempre fuiste más inteligente que yo, una pobre chica que no tiene más que las cuatro letras y lo que tú me has enseñado a lo largo de todos estos años, que cómo no te voy a querer, si siempre has estado conmigo, casi desde que tengo uso de razón.

Es raro que haya salido esta mañana tan temprano, que ni le he visto irse de la prisa que llevaba. No creo que sea por lo que pasó ayer noche, tan raro todo, que no sé si al final, cuando se corría, gemía o lloraba. Lo peor fue la cara con que me miró cuando se levantó por el cigarrillo, justo que me pilló sonriendo, tan pancha de haberme salido con la mía, qué bien que me había costado conseguir que Tomás se animara, porque la verdad es que si yo no me acerco ni me mira, y eso hay que evitarlo, que ya lo decía mi madre, que una cosa es solazarse en el cuerpo y otra negarte a tu marido, que luego nunca se sabe donde buscan, y en eso mi madre fue bien clara: hija, date a tu hombre siempre que te pida, o incluso más, pero no caigas en la trampa de disfrutar como él o te degradarás como mujer y como esposa. Ella era muy dada a estas frases tan rimbombantes.
Nunca tuve que hacer esfuerzos, eso que quede claro, que aunque el sexo me pone nerviosa, me gusta mucho el olor de Tomás, sus manos siempre tan calientes, y no me importa que me toque, siempre que no sea muy abajo, porque entonces me entra la risa o me dan ganas de llorar, y termino pensando en mi madre y en lo que sufrió cuando se fue mi padre de casa, que eso fue lo que pasó, que no se había muerto, que se había ido con una secretaria de Correos a la que le gustaban los carteros.
Imagen: Bib Scheide
7 comentarios:
Los pasos, al leerte he descubierto que detrás de caótica estabas también tú....
Los pasos, ¿compartieron alguna vez: recuerdos, sueños, pensamientos, ideas opiniones, esperanzas, desilusiones, alegrias,tristezas, exitos, fracasos, gustos, amores...?. ¿Qué compartian?. ¿Por qué estaban juntos?. ¿Por que después de estar tanto tiempo con Sito seguía teniendo unas ideas sobre las parejas tan raras?.
El último punto y aparte es bonito cuando dice que le gusta mucho el olor de Sito y sus manos calientes y la risa...
Las ganas de llorar y terminar pensando en su madre, siempre su madre, creo que no supo quererla y la educo de forma horrible convirtiendola en una continuación de ella, sin ser ella, un ser dependiente y triste.
Mi imagino que la vida de Sito tendría que ser igual de triste que la de ella. ¿Ella se llama Bea, o me lo he inventado?.
Fue Bea en la primera versión, en esta, aún no ha dicho como se llama...
Paciencia, querida...
No te entiendo en lo de caótica... explicame anda
Me explico muy mal, si no me has entendido no pasa nada, aquí paz y después gloria como decía alguien que yo escuchaba en la radio. ¿Mis preguntas tendrán respuesta conforme vaya leyendo tu historia?.
Cando leo, cuando escucho, me sumerjo en las palabras, me imagino que si esto sucede es porque están bien escritas pero en el fondo nunca me doy cuenta. Me sumerjo en la historia, en los personajes, en sus vidas. Cuando te leo me pasa eso y me vienen a la mente infinitas preguntas, que si fuera un libro me llevaría a seguir leyendo para encontrar las respuestas pero tú, al dejarlos a medias motivas mis preguntas.
A veces, muchas, temo enfadarte pero en el fondo prefiero que te enfades conmigo y que nunca más me mandes un besazo y un sonrisa a ser hipócrita contigo.
Presiento que si sigues escribiendo esta historia y no te cansas y escribes lo que te salga del corazón importantandote tres cominos gustar o no será una historia preciosa y llena de vida, el nombre ya es precioso...
Una repelencia que seguro no te gusta, ¿la imagen de la mujer desnuda pega con los pensamientos de ...?. ¿Esas cosa que tiene encima que son?.
Tendrás todas las respuestas dependiendo de las preguntas que te suscite..., pero muchas de esas preguntas que me haces sí que la tendrán.
Disfruto escribiendo historias y agradezco infinito que me lean con interés, como tú lo haces, Ara. Además no me enfado, joer, sólo que hay opiniones que no compartimos o vemos desde ángulos diferentes. Eso es todo.
Esas cosas no sé si son manzanas rojas o melocotones... y simbolizan la tentación, el deseo. Además, parecen un poco pochas, ¿verdad?, la escogí por eso, porque, entre el desnudo sensual y la fruta prohibida, y algo podrida, se adaptaba bien a mi idea del texto.
¿No crees que el sexo, y sus tentaciones, esté presente en el "capítulo"?
Besitos
No.
Tentaciones-prohibiciones. En la Iglesia mandan los hombres, y tú por mucho que dices ser mujer, en lo que escribes y en lo que dices está el rastro de un hombre.
La grandeza del sexo, sin la cual no estariamos nadie aquí, creo que aún no se ha llegado a descubrir,(puede que muchos, muchos lo hayan hecho pero es@s guardan silencio), a valorar y como lo que uno no llega a comprender, se trata como algo banal, se vulgariza y con él, tan sagrado tan hermoso, los hombres-mostruos lo utilizan como arma en las guerras humillando a las mujeres de los vencidos y haciendolas renegar de algo tan sagrado y tan hermoso como es su sexo. Para los hombres-mostruos no existen niños, ni niñas, ni mujeres, sólo existe su mostruosidad y su degeneración.
Publicar un comentario en la entrada