19.11.08

Esas pequeñas posesiones







[De Las musarañas sólo saben bailar tango]





En aquellos tiempos mi madre, doña Lourdes como la llamaban con respeto en el barrio, peinaba a todas las vecinas. Nos iba bien. El barrio crecía y crecía, tanto que mi madre había tenido que contratar a una aprendiza para que le ayudara a lavar cabezas. Candelas tenía 14 años, uno más que yo, así que era inevitable que nos hiciéramos amigas enseguida, aunque ella fuera la empleada y yo la dueña.

Además, yo tampoco podía tener otras amigas. Llevaba toda mi vida enferma y salía tan poco de casa que ya ni me importaba, más bien todo lo contrario. Me entretenía viendo trabajar a Candelas mientras yo repasaba una y otra vez las mismas revistas que duraban meses en la pequeña mesilla, y mi madre y las clientas se contaban los chismes del barrio. Lo mío era algo crónico o eso decía mi madre, porque lo cierto es que cuando visitábamos al médico lo único que me recetaba es que saliera a la calle a jugar y fuera al instituto y olvidara esos nervios, pero a mí eso me daba mucho miedo así que menos mal que mi madre estaba convencida de que su única hija tenía algo del corazón, aunque también es verdad que me cansaba oir aquella cantinela de desde que pasó lo de su padre esta niña no anda buena,doctor. Ahora pienso que en algún momento de mi vida mi madre se había jurado a sí misma que yo no saldría de casa hasta que no fuera del brazo de un hombre, y para casarme.

Y lo consiguió.






Pero Candelas me lo contaba todo, igual que ahora, y además yo sé cómo sacarle las cosas, que en eso he salido a mi madre pobrecita mía, y eso que mi amiga ya no es tan parlanchina como antes, que desde que se casó ya no es la misma. Ese bestia de marido que tiene la influye mucho, ya se sabe que dos que duermen en el mismo colchón... yo se lo digo, que se deja llevar mucho por ese hombre y ella toda respondona me contesta que qué quiero que me diga, que Mateo es su mejor amigo, ya ves tú un marido mejor amigo, tiene unas cosas esta mujer que para qué, y que a mí me quiere mucho, que soy su amiga del alma, la de toda la vida, pero que como habla con Mateo no ha hablado nunca con nadie, ya ves tú qué tontería, ¿de qué va a hablar con su marido, si su vida es más aburrida que la de una monja?, de la casa a la peluquería, de la peluquería a la casa a cuidar de la riolá de críos, como ella les llama con ese acento suyo tan paleto, que es que Mateo le hace uno por año, que ya se sabe lo que pasa cuando te arrecucas con un hombre hija, me dice con retintín y sonrisa de…, que mejor me callo lo que me parece esa sonrisa.

De mí sí que no se puede quejar que a Candelas le ha ido bien conmigo, al final sigue trabajando aquí, a mi lado, y aunque tardé en dejarle participar en el negocio, que en vida mi madre nunca lo hubiera consentido, lo cierto es que es ella la que lleva todo el trabajo, que yo para tanto trote no estoy, así que bien agradecida que me tiene que estar, que al fin y al cabo si mi madre la contrató no fue más que porque su abuela no podía con más niños después de la muerte de su hija en la fábrica. Candelas tenía cuatro hermanos más y ella era la mayor, suerte tuvo con quedarse en la peluquería y prosperar, que su hermano menor se tuvo que ir a la obra con poco más de 12 años, luego emigró, creo que a Alemania y ya no volví a preguntar por él. A Candelas, en cambio, nunca le faltó un plato de comida caliente, la misma que comíamos nosotras.

Al final es ella la que lo ha alterado todo, ¿para qué me habrá dicho nada?, ¿y a mí qué me importa Merche y lo que haya sido de ella más de veinte años después? y a mi marido menos que le importa, aunque está tan raro que me preocupa, le pregunto pero me dice que no le pasa nada, nunca le pasa nada, ni nunca me ha contado nada, claro para no preocuparme, como sabe que estoy delicada.

Le prepararé una buena cena para esta noche e intentaré que se desahogue después conmigo, a mí esto del sexo no es que me vaya mucho pero cuando Tomás y yo nos hicimos novios mi madre me dejó bien claro que eso era algo por lo que había que pasar si queríamos tener a los hombres agradecidos y complacientes, y lo cierto es que tenía razón, a Tomás le sienta bien, siempre está más contento después de hacerlo y a veces incluso me lleva al centro, al cine, así que eso haré, una cena rica y dejarme hacer, que también es disfrutar sentir que Tomás es mi marido y de ninguna más.





Imagen: Olivia de Berardinis

6 comentarios:

Ara dijo...

Curiosa su forma de mirar, de juzgar, de vivir... Se compadece de todos y no sé como no se muere de pena al ver su vida...
¿Cómo se caso Tomás con ella?. ¿Cómo ella se caso con Tomás?. No sé como es Tomás pero parece ser que su Amor fue Merche... Los hombres y las mujeres que se casan con otros, teniendo en su corazón a alguien distinto, arruinan su vida y la de los que lo rodean.

Merche está en la inopia y Tomás, en lo suyo, en sus recuerdos... ¡Una pareja ideal!...
(Esto ya nos lo habias contado hace años luz...)

Ara dijo...

Por exagerar metí la pata. Años luz es una unidad de distancia no de tiempo. Su equivalencia en metros se obtiene multiplicando la velocidad de la luz en metros/segundo por los segundos que tiene un año.

Los pasos que no doy dijo...

Pero mira que eres impacienteee¡, jajajaja, me encanta, eso es que te interesa el cuento¡

Algunas cosas claro que las has leído..., pero si observas la historia la he "arreglado" desde otro punto de vista. Ya no es un narrador objetivo que habla del amor de Merche y Tomás (Sito), sino que me ha parecido más interesante ver el punto de vista de la mujer de Tomás... y me ha salido esto que ya irás viendo.

Gracias, Ara, por tu apoyo y tu interés. Te mando un besazo grande (y una sonrisa)

Ara dijo...

No me he dado cuenta de ese cambio. pensaba que lo hacias por algo pero no sabía porque.
Me confundo mucho, puse que Merche estaba en la inopia y queria decir la mujer de Sito, que no sé como se llama. ¿Cómo se llama?. Es alguien que da tristeza, su madre la modeló, le inculcó su forma de mirar, de vivir, de sentir...

¿Crees que nos vamos a enterar de algo si lo cuenta la mujer de Sito?.

Ella no quiere ver y lo justifica todo en su propio interés o quizá porque tiene miedo de que su vida de mentirijillas se derrumbe.

Sabes, que un mismo hecho puede ser contado de formas muy diferentes. No es el hecho en sí, sino quien lo mira, quien lo siente...

Los pasos que no doy dijo...

Enterarte de algo? pues no sé... depende de lo que quieras enterarte, jajaja

Sí, un mismo hecho tiene muchos ángulos, de hecho todas las historias están escritas, yo creo que lo que cambia es cómo se cuenta y también cómo se lee. El cómo se lee es importante: lees una buena novela y la primera vez no tiene la misma lectura que la segunda, ni te llega de la misma manera.

Pasa lo mismo con el cine, en general con todas las artes pienso yo.

Pero, vamos, yo soy sólo una aprendiza...

Ara dijo...

Quería enterarme de la verdad,jajajaja

Que un niño con 13 años cuando se aleja la niña que quiere con toda el alma se quiere morir, debe ser un amor profundo de esos que a mi me gustan.

Puestos a querer quiero amores profundos, que nunca se mueren , ni nunca hieren, ni hacen daño... He dicho puestos a querer, para medicridades ya hay bastantes por todos los lados. Me parece que el Amor de Sito no es mediocre y vulgar... Pero no sé si es el corazón de Sito, el que hace ese amor especial o fue de verdad especial...

De todo eso me quiero enterar. Soy curiosa para los sentimientos hermosos, que me hacen pensar que todo está bien... También me da mucho miedo el corazón del ser humano, mucho miedo...