
Achupé, achupé, sentadita me quedé.
(Cancionero infantil)
Estoy sin vivir desde que la pamplinas de Candelas lo ha soltado de golpe en la escalera, la muy cotilla, ¿cómo se le ocurre estando él delante?, ya sé yo como se le ocurre, para empaparse bien, sí señor, ¿qué mejor momento que ese, con Tomás al lado mío?, que lo oiga bien, di que sí, bonita, y luego vete corriendo a contárselo al paleto de tu marido.
La muy zorrona se ha quedado un ratito y todo, de charla, cómo si yo no me diera cuenta de que no hacía más que fijarse en la reacción de mi Tomás, ya ves tú qué reacción esperará después de tantos años, si éramos unos niños, por favor. Y ella nada, sin enterarse, que si la cicatriz se le notaba muchísimo, que si se veía que la avergonzaba, que ni a la propia Candelas quería saludar, que ya veía como se cambiaba de acera y si no llega a ser porque se le planta delante, ¡pues menuda es ella para estas cosas!, Merche hubiera pasado de largo, mirando para el suelo.
En eso no ha cambiado, pensé yo, ya antes de la cicatriz Merche siempre iba con la cabeza gacha, sólo recuerdo que mirara de frente cuando subía a la bici de Tomás, ella delante, ¡cómo no!, que parecía que se estuvieran abrazando, que yo no sé como no se mataron con todos esos pelos revoloteándole en la cara a Tomás, seguro que lo hacía para chincharme y no por otra cosa, que hasta miraba hacia mi ventana, encima haciéndose la chulita.
Eso es que no tiene la conciencia tranquila, decía mi madre, a la gente hay que mirarla de frente, que se sepa quien eres y qué quieres, y de Merche nunca se sabía nada, que no había manera de sacarle ni pío la verdad, que ni mi madre siquiera y mira que era suya para que la gente contara, pues ni siquiera ella pudo sacar de Merche ni media palabra, ni de dónde eran, ni de dónde venían, y eso que estuvo haciéndonos la compra meses y meses, y eso que mi madre decía que esa chica, con esas pintas, y siempre mirando al suelo, no era de fiar.
Dice Candelas que sigue lo mismo, sí seguro, lo solté sin pensar la verdad, ¿cómo iba a estar igual después de 20 años?, pues la lista de Candelas la reconoció nada más verla, los mismos andares, el mismo gesto huraño, sí, claro que los años no se cumplen en balde, para ninguna, pero como sigue delgada y tal, pues como que parece que no han pasado por ella. Lo mejor de todo es que Candelas se cree que a ella Merche también la reconoció enseguida y mira que me extraña eso porque Candelas nunca valió mucho, la verdad sea dicha, pero ahora la pobre es que es una piltrafa, que está tan gorda y desbaratada que casi ni cabe en el ascensor.
Por lo visto, que a saber, Merche trabaja en las oficinas de una librería, lo que engañan las apariencias qué razón tenía mi madre, claro, cómo estudió mecanografía y siempre iba en el metro con su librito a cuestas parecía una señorita, tan fina toda ella, aunque la verdad es que me dio un poco de envidia, que yo no he trabajado nunca, que gracias a dios no nos ha hecho falta, pero de todos modos me dio un poco de rabia imaginarla allí sentada, en una mesa de despacho, toda elegante, con uno de esos ordenadores tan modernos que tanto le gustan a mi marido, que hasta se ha comprado uno, con el precio que tienen por dios, y se pasa las tardes tecleando, que no sé qué escribirá pero ni que fuera El Quijote.
Candelas azuzaba, que si iba muy bien vestida, chica, tan normal, pero no sé, como con clase, ya sabes, siempre tuvo gusto para estas cosas, y con muy buen cuerpo, que hasta le preguntó si tenía niños, para saber si se había casado, y tan fosca como siempre le soltó que estaba divorciada y que sí, que tenía un hijo de 20 años. Nada menos que 20 años. Merche ya ha cumplido los 37, o sea que se casó poco después de aquello, sin cumplir los 18, seguro que embarazada, no podía ser de otra manera en alguien como ella.
Mi madre, que para eso siempre tuvo mucho ojo, en cuanto que la vio supo que terminaría mal. Y mal ha terminado, divorciada, o sea más sola que la una, sin un hombre, y con un hijo que a saber como se habrá criado con una madre así. Por lo visto hablando del hijo ahí sí que levantó bien la cara y Candelas pudo verle, por fin, la cicatriz, enorme, pálida, desde el ojo hasta la mandíbula, tan limpia como si hubiera sido esculpida con un buril de aquéllos que usábamos en las monjas para los trabajos en estaño. Las cosas que se le ocurren a esta mujer.
Menos mal que a esas alturas Tomás hacía rato que se había metido para casa, pero aún tuvo tiempo la muy cotilla de soltarle que ni siquiera había preguntado por nosotros, en realidad por nadie del barrio, y eso que no debía vivir muy lejos de allí pues iba con las bolsas del Dia, ¡cómo no! haciendo la compra como siempre, dije yo, y fue entonces cuando Tomás se fue, dejándola con la palabra en la boca y a mí preocupada, porque aunque quiera creer que lo que le pasa es que no soporta las habladurías de Candelas, lo cierto es que desde entonces está más raro que de costumbre y no para de teclear en el ordenador.
Candelas siguió hablando, no sé qué dijo del padre del niño, yo ya ni la escuchaba, ya ves tú Merche, 17 años y embarazada, y seguro que acostándose con el primero que se le metiera en la cama, un sucio y un borracho, claro, ¿cómo no le iban a gustar sucios y borrachos, si así era su padre?
(Las musarañas sólo saben bailar tango)
Imagen: Virgil Mlesnita
2 comentarios:
Soy Ara, he descubierto que si le doy a anónimo si te puedo escribir de otra forma no me deja o yo no sé hacerlo, que también puede ser.
De todos los amores que nos cuentas el que más me gusta es el de Merche y Sito. Otra vez, contaba la mujer de Sito que Merche caminaba erguida, con la cabeza alta, mirando a los ojos, era altiva... Y ahora dice que miraba al suelo... ¿Cómo es Merche?.
Tiempo al tiempo, querida... tú misma la juzgarás
Un besito,
Publicar un comentario en la entrada