De Eclipses
-¿Por qué no te acercas a Pepe y charlas un ratito con él? Verás qué hombre tan interesante- me espetó en el primer momento que me vio libre-, no sales nada cariño, te pasas los días encerrada en esta casa o paseando por la ciudad como un alma en pena. Pepe puede descubrirte mundos increíbles y…, - Lupe dejó la frase en suspenso como si no se decidiera a seguir. A Lupe le encantaba darse misterio.
Yo esperaba paciente, sabía que enseguida continuaría si no la interrumpía y así fue: – depravado, niña, es un depravado, elegante y encantador que te hará tocar las nubes, y eso sólo la primera vez- compuso tal gesto en la cara que me eché a reír abiertamente. La verdad es que no pensaba en el sexo desde hacía meses y aquella alusión tan directa me sorprendió, hasta aquel momento no me había dado cuenta que Lupe no sólo observaba el mundo, también me observaba a mí.
- ¿Qué mundos increíbles? –bromeé con ella- ¿no será de esos que te mete cualquier tripi en el café? No tiene pinta, parece tan irreprochable y educado que nadie diría que se droga…
-Pero, ¿qué dices?-, chasqueó la lengua reprobándome, un gesto característico suyo que yo conocía muy bien-, te estoy hablando de otros mundos, niña. Mundos del sexo, del placer, ¿recuerdas lo que es eso, bonita? –a veces Lupe podía ser muy cruel, -Pepe te vendría al pelo, no pide nada, da libertad y está deseando conocerte. Le he hablado mucho de ti –acompañó la frase con un ligero codazo, -y, mírale, no te quita los ojos de encima, qué descarado¡ parece no importarle que se le note-…
En efecto, así era. Allí estaba aquel hombre extraño y silencioso, apoyado en la chimenea, mirándome fijamente mientras se fumaba una pipa tranquilo, pausado, como si me evaluara y me deseara a la vez. Parecía un dios pero sus ojos eran los de un demonio, seductor y bello. Un agradable cosquilleo se deslizó sinuoso por mi columna vertebral cuando coincidieron nuestras miradas. Entonces Pepe sonrió y supe que esa sonrisa llevaba implícito el conocimiento de lo que me estaba sucediendo. - Eso sí, niña –Lupe seguía con su perorata, dudo que ajena a todo lo que sucedía fuera de nosotras dos-, ni se te ocurra enamorarte-...
Una pequeña algarabía detuvo nuestra conversación: Magda Giuliani llegaba, como siempre envuelta en una corte de admiradores. Mientras Magda se detenía en la puerta mirando con cara de fingido arrobo lo que veía, ya Lupe me susurraba que no creía que aquel apellido fuese real: sostenía con maldad que en realidad su apellido era Pérez. Me reí. Lupe no soportaba pasar a un segundo plano en ningún aspecto, así que había convertido a Magda en el rival número uno a abatir.
Se llamara como se llamase, Magda Giuliani acaparaba la atención de todos los aficionados a la fotografía fetish. Era una mujer bellísima que había sido la modelo favorita de uno de los grandes, lo que la rodeaba de una aureola casi mística. Venía acompañada de un tal London, un joven ambiguo, que la miraba con el ardor de un candoroso enamorado.
Lupe no pudo resistir la curiosidad y se lanzó a saludar a Magda entre sonrisas y pequeños grititos. -Magda querida, ¡justo nos faltabas tú¡ Qué bellísima estola, ¿qué es? ¿armiño? ¡Eso sólo puede ser un regalo de alguien que te adora¡-. Era asombrosa, nunca acababa de sorprenderme su capacidad para sacar de cualquiera casi cualquier información, por mínima o tonta que pareciera. Sabía de todo y de todos, cuándo guardar la información que conseguía y de qué manera propagarla. El cómo lo hacía era un misterio para mí.
De repente, una voz masculina me sacó de mis cavilaciones. Era grave, firme y clara y esparció su aliento muy cerca de mi cuello. Quizá fue mi imaginación pero sentí una pequeña vibración en el amuleto, justo en el hueco de mi garganta. Ahora pienso si no fue un aviso que yo ignoré a sabiendas. Olí a madera y a tabaco mientras que aquellas palabras, eternas en mi memoria, acallaron, sin que nadie más que yo lo percibiera, todas las demás voces de la sala: -Estarías preciosa con un collar de perra, Clara… un collar de perra y esos tacones que llevas puestos, nada más-, y sin esperar mi respuesta prosiguió:-acompáñame, salgamos de todo este ruido estéril. Busquemos el silencio-.
Imagen: Günter Blum

1 comentarios:
Mientras leia el cuento,pensaba en otro final,pero al leer el verdadero final me ha sorprendido,y me ha desgradado enormenete lo del collar de perra.
No acepto que a nadie le pongan ese tipo de "adornos".
Saludos amiga
Publicar un comentario en la entrada